La acción directa frente a la aseguradora en el seguro de Responsabilidad Civil ha cobrado gran importancia en los últimos años. En el artículo 76 de la Ley de Contrato de Seguro se define la denominada “acción directa”, por la cual se legitima al perjudicado que haya sufrido un daño o a sus herederos a dirigirse contra el asegurador para exigirle el cumplimiento de la obligación de indemnizar en virtud del contrato de seguro.

Concretamente el artículo dispone que “El perjudicado o sus herederos tendrán acción directa contra el asegurado para exigirle el cumplimiento de la obligación de indemnizar, sin perjuicio del derecho del asegurador a repetir contra el asegurado, en el caso de que sea debido a conducta dolosa de este, el daño o perjuicio causado a un tercero. La acción directa es inmune a las excepciones que puedan corresponder al asegurador contra el asegurado. El asegurado puede, no obstante, oponer la culpa exclusiva del perjudicado y las excepciones personales que tenga contra éste. A los efectos del ejercicio de la acción directa, el asegurado estará obligado a manifestar al tercero perjudicado o a sus herederos la existencia del contrato de seguro y su contenido”.

Por tanto, para poder ejercitar la acción directa es necesaria la producción de un daño, el cual debe encontrarse definido y delimitado en el contrato, de tal forma que si este no se está recogido en póliza o se produce en condiciones diferentes a las definidas, la aseguradora no está obligada a hacer frente.

El plazo del que dispone el perjudicado para efectuar la acción directa desde que se produce el daño es de un año, prescribiendo a partir de entonces la posibilidad de exigir a la aseguradora la satisfacción del importe de los daños sufridos en su persona o en sus bienes.

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